Friday, May 27, 2005


mis pequeños hermanos en escocia, os echo de menos y pronto nos veremos... los que han vuelto y los que aún quedan por volver. os quiero hasta límites sospechados tan sólo en pintadas de bar de carretera.

carlosigl@gmail.com

Friday, May 13, 2005

dedos en azul


A(trapo) un manojo de venas que me llevan evitando 13 meses.

El tiempo no tiene importancia alguna ahora, es el resultado de una operación matemática compleja, con la que he dado por pura casualidad.

Mis venas se escondían bajo mis huesos, la seguridad del lugar contra el que se parte la aguja. Insisto, tengo suerte de vena esquivada, y paciencia de cazador hambriento.

Atrapo mis venas, decía, y en mis manos se enroscan, me falta poco para reunir suficientes vidas marchitas para morderlas.

Con ellas tiendo las vías de mi propio tren de la bruja, del salón al pasillo, del pasillo al baño. La precisión con la que alimento la máquina con rabia, convierte mis manos en dagas y mis bocas en furia. Depravación, al fin y al cabo, que se resume en un espejo reflejando mi nariz sangrando y mi boca llena de lenguas partidas.
Perdidas.

Sunday, April 24, 2005

just say on



mira bien, que cuando golpeaba la adolescencia contra las esquinas
las gotas de sangre caían al asfalto y la lluvia las hacía crecer

atrapado en mis múltiples abrigos
escondido del viento
me podía ver alzando mi dedo medio a medio medio mundo
y mi culo rebotado y dolorido al otro medio

la lluvia entraba siempre en escena en el momento justo:
en la puerta del colegio,
en la esquina del alcohol,
en la tierra del parque

la tierra del parque que huele a meados y a cerveza
que se confunden en una misma cosa
algo que quema para llevarse lejos a los muertos,
los que estuvieron vivos y los que llevan la muerte dentro

Thursday, April 21, 2005

Lillies and Remains


- He soñado con arañas. Parecían cangrejos enormes, centollos se llaman, ¿no?, digo los cangrejos. Yo iba caminando por algún sitio, el campo, un camino de tierra oscura y húmeda, como la que hay en las macetas, vallas de piedra, hierba verde. Por alguna razón la hierba parecía exprimible, no sé si entiendes lo que quiero decir. El caso es que llegábamos (porque iba con alguien, pero eso es todo lo que sé al respecto, no recuerdo si era alguien de verdad ni su cara, o si hablaba) a una valla metálica. Yo empezaba a examinarla, creo que para saltarla, ya sabes cómo son esas cosas en los sueños. Estaba comenzando a encaramarme a ella cuando veía que un par de alambres eran rojos en lugar de plateados, rojo pálido, no, rojo enfermizo, como si lo hubieran cocido. Saltaba al suelo y los alambres rojos se retraían hasta un bulto del mismo color enfermo, una de las arañas de las que hablaba al principio. Era asquerosamente grande. El cuerpo estaba hinchado pero daba la apariencia de ser duro, de tener un cascarón grueso y pesado. Y se movía a toda velocidad la condenada. Se irguió sobre sus patas traseras y en el abdomen, en lugar de ser liso, tenía una especie de esfínter, un agujero oscuro rodeado de malformaciones venosas. No sé por qué esto me metió el miedo en el cuerpo como una cuchillada. Empecé a correr de espaldas, sin perder a la araña de vista, el esfínter pareció tomar una bocanada de aire y toda esa piel rugosa y compacta se volvió elástica y viscosa. Del esfínter salió algo blando, un chorro de tela de araña a toda velocidad por el aire, directo a mí. Me aparté a un lado y la telaraña cayó a mi lado, crepitando en el suelo. El sonido era el mismo que el que hace la carne cuajada de hormonas cuando la echas sobre aceite caliente. Seguí corriendo hacia atrás, pero había arañas en todas partes, no es que fuera una invasión, era más bien un puñado, pero yo corría despacio y las zorras eran suficientemente grandes como para no basar su poder en el número.
En ese momento recordé que estaba acompañado, esto quiere decir, claro, que lo había olvidado. Quién fuera que me acompañaba no duró demasiado, le cayó uno de los chorros de telaraña y se empezó a consumir entre gritos. Le pasó lo que al chino hijoputa de Indiana Jones, se derritió, algo asqueroso. Además las arañas siguieron lanzándole chorros de telaraña encima mientras se derretía. El sueño terminó cuando llegué a otra valla metálica que me llegaba a la cintura. Agarré con las manos la parte superior para ayudarme a saltar y sentí un dolor muy intenso, nunca me ha picado una medusa pero me lo imagino exactamente como sentí esto: una especie de dolor eléctrico, que aturde a la vez que hiere, que hincha mis manos hasta que parece que van a explotar. Miré hacia abajo y la valla era roja, de un rojo enfermo.

- Joder, sólo te he preguntado qué tal te fue anoche.

- Bien, bien, me fue bien.

- ¿Seguro?

- Sï, lo único jodido fue el calor, tengo calor en todas partes, sudo como una puta bestia de carga, ojalá el sudor fuera más corrosivo y me disolviera cuando me pasa eso, me avergüenza muchísimo.

- …capullo...

Monday, April 11, 2005

arden las manos



Lo más acertado que se puede decir de ella es totalmente inexplicable: siempre ganaba a la primera cuando jugaba a ese juego.

Él dejó de estar enfermo, pero sus ojos seguían siendo los mismos. Caminaba normalmente, ya no cojeaba ni tenía llagas en la boca, pero sus ojos conservaban el gris del enfermo. Su cuerpo funcionaba pero él se había quedado rezagado por dentro, acogido por los rincones que cuidan de sus muertos.
Sin los oscuros privilegios de la belleza, la juventud era un espacio sin tiempo, una rueda claveteada que recorre una y otra vez, incansable, cada surco del cerebro hasta convertirlo en una masa irreconocible de culpa, lamentos y desesperación. Vivía entre el perro y el lobo, entre el crepúsculo y el golpe de viento que arranca la vida de las plumas de los pájaros.

También es importante saber qué ocurrió con ella tras ganar el juego.
Sentada en una cafetería leía un libro, un volumen grueso, tapas de cuero, antiguo, pero su contenido no lo era en absoluto. La cafetería estaba llena de gente. Poco a poco, mientras pasaba las páginas, la gente se fue marchando. Cuando se quedó sola entró un hombre viejo, con abrigo rojo y la cara surcada de venas capilares amoratadas. Sacó una mano del bolsillo sosteniendo una pistola y apuntó hacia ella. Ella no podía creer lo que estaba sucediendo. El hombre disparó y se fue por donde había venido. La bala alcanzó el libro, que saltó de sus manos al suelo. Tardó en mirar hacia su pecho para buscar el agujero rojo. No había agujero, ni rojo ni de ningún color. En el suelo el libro estaba abierto por la página hasta la que había llegado la bala. Al lado del plomo vencido estaba escrito: Un esqueleto se ha sentado en mis pupilas y entre sus dientes me está mordiendo el alma.

Saturday, April 9, 2005


oigo gritos lejos de aquí
(el walkman aún está encencido)

el tipo del labio leporino sigue esperándome fuera
con toda esa gente aficionada al baile, a la música, a la risa y a la carne cruda...
toda para mí.
para mí, despierto durante la operación,
cosiéndome la piel al llegar a casa
porque alguién olvidó hacerlo.
los ojos que me miran son agujeros abiertos con agujas hipodérmicas
el tiempo que empleo en cerrarlos para siempre
escapa entre mis dedos susurrando pobre imbécil...
son mi verdadera boca

que empuja el aire a tus oídos
cuando me miras hambrienta
me hundes en la almohada
y disparas en mi cabeza
una sola bala: enferma.

Tuesday, March 29, 2005

donde están mis filos


la rutina de ser yo aliviada al creerme vivo en los ojos de otros, donde salto hacia algo espeso y oscuro, disfrutando de la ingravidez de no ser nada más allá de la materia sin conciencia... escupido en el blanco, masticado por la sombra... descansando, esperando para morder, cuando ya no duerma nadie, la pintura.
solo una vez,
cuando ya no duerma nadie,
solo. una. vez.

Friday, December 24, 2004

y así siento como si mis esquinas hubieran muerto un poco



tanto da que elija una opción u otra: el accidente doméstico es una realidad. cuando menos lo espere pisaré un charco y resbalaré, abriré una lata de algo aceitoso y desagradable y me cortaré una vena. al principio me reiré, porque a todo le puedo ver la gracia, y luego me iré deshinchando poco a poco. mi muerte olerá a sardinas.

qué jodidamente triste, no?

por eso no es verdad que vaya a morir así, qué coño. por ejemplo: estoy dormido y hay un escape de gas, lo normal sería encender un cigarro en el peor momento, pero no lo haré. es una mierda de muerte.

qué quiero decir con todo esto.

qué quiero decir con todo esto?

nada, en realidad sólo quiero incordiar un poco, ser un accidente doméstico, anónimo y letal, como el agua de mi boca, o de la tuya, o la de ese que se esconde detrás de ti.

quiero ser un wittgestein eficaz, hacer que las palabras ardan desde dentro y no vuelvan a existir nunca más. quiero que mi mirada salvaje sea atractiva para que esperes una décima de segundo demasiado tiempo y te pueda arrancar las palabras de tu boca. quiero enterrar todas las lenguas en seis mil millones de pequeños agujeros. si encuentras la tuya, la podrás volver a utilizar.

quiero ser un sacrificio inútil para poder reírme de la trascendencia una última vez.

Thursday, October 28, 2004

Como los ojos de una muñeca





"My voice is an inspiration to my friends

and an instrument of torture

to my enemies."

Diamanda Galas





Vuelve a repetir las última palabras de la única persona que vio morir, "tú tranquilo, que de esta no salgo". Y los fantasmas de epitafios famosos, reales y ficticios, merodean por su cabeza mientras continúa de pie frente a lo imposible totalmente quieto.

Con una caja de cartón bajo el brazo y un cuerpo muerto en el suelo. El suelo ajedrezado salpicado de sangre, en los cuadrados blancos gotas rojas, en los cuadrados negros no se puede ver nada, se han bebido toda la sangre derramada sobre ellos.



"Aquí yace quién de tanto correr, también se escapó de esto".



No reacciona, sólo sostiene la caja bajo su brazo y recrea lo que acaba de presenciar una vez tras otra, cada vez más despacio, buscando una pista, un simbolismo, algo que no haga de la situación algo tan demencial.



Llega a su casa y en la puerta hay una caja de cartón marrón sellada con cinta de embalar también marrón. La recoge (pesa un poco) y abre la puerta con la mano que le queda libre. Entra en la casa. Desde la entrada puede ver la cocina, la estancia más grande de la casa. Desde la entrada puede ver la cocina y en la cocina hay una mujer alta y delgada, el pelo le cae sobre la cara ("parece una cortina negra", piensa). La mujer está en pie sobre la punta de sus dedos, tiene los brazos estirados, formando una cruz hasta los codos, que se doblan para formar dos ángulos rectos con los antebrazos. Hay cables atados a sus muñecas, a sus hombros, a su cabeza... es un títere humano. Él no reacciona, todo es demasiado extraño.

Una forma borrosa entra en escena desde la izquierda, imposible distinguir si es un hombre o una mujer, es una figura humanoide totalmente desenfocada. Donde termina una de las formaciones nebulosas que se corresponden con los brazos, brillan unas tijeras de sastre perfectamente claras, visibles y afiladas.

La mujer-títere comienza a tener convulsiones a medida que la nebulosa-tijeras se le acerca. Los cables adheridos a su pelo-cortina se sacuden y por unos instantes él ve uno de sus ojos, completamente abierto, girando frenéticamente como si estuviera a punto de salir disparado. Él no se mueve, sigue en pie con la caja bajo el brazo, pero su vejiga reacciona ante el ojo del horror y se orina encima.

La nebulosa-tijera corta uno de los cables, y el cable suelta un pequeño chillido y se enrolla sobre sí mismo como una cuerda elástica tensada al máximo que fuera cortada. En el momento en el que el cable ha sido cortado, un fino hilo líquido y rojo salta trazando una delgada línea de gotas rojas sobre el ajedrezado de la cocina.

Nebulosa-Tijera corta el segundo cable del brazo y se repite el mismo proceso. El brazo cuelga ahora inerte del hombro de Mujer-Títere, el resto del cuerpo sigue convulsionando cada vez más violentamente, como si fuera a colapsar y desaparecer absorviendo todo cuanto lo rodea. Bajo las cortinas negras una densa espuma blanca cae, deslizándose por el pecho de Mujer-Títere, dejando una mancha oscura en su vestido.

Hasta que no queda más que un cable por cortar la escena se repite, puede oír como rechinan los dientes de Mujer-Títere, el sonido de los ojos girando sobre sí mismos...



Desde este punto podrían pasar dos o más cosas, todas ellas mentira.



El último cable es cortado por Nebulosa-Tijera y el cuerpo se desploma sobre el suelo como un edificio demolido. Y él aún inmóvil con la caja bajo el brazo. Nebulosa-Tijera desaparece y así volvemos al recuerdo de epitafios y palabras de muertos únicos.



En la caja de cartón: una esponja, una fregona, líquido de limpieza. Sosa cáustica, y así, con sus manos, limpia y destruye las pruebas de que lo que ha ocurrido es real.



Pero también podrían pasar más cosas.

Monday, September 6, 2004