A veces, por la mañana, todo parece sencillo.
Sunday, September 18, 2011
Friday, September 9, 2011
- Perdone que le importune, pero es usted idéntico a mí.
- Me parece que se equivoca, es usted el que es idéntico a mí.
- Dígalo como quiera – dije entre jadeos, tratando de recuperar el aliento que había perdido cinco minutos atrás mientras le perseguía – pero esto no puede ser coincidencia, hay que descubrir por qué somos idénticos.
- Qué democrático es usted, pero aún así creo que es usted el que se parece a mí – dijo él, sin jadear ni nada, como si no hubiera corrido como el diablo mientras le perseguía por la calle.
- Insisto, le ponemos el nombre que quiera, pero tenemos que saber qué está pasando aquí, ¿no le parece?
- Pues sí que es fácil convencerle de las cosas… ¿Es siempre así? Porque de ser así me parece a mí que al menos yo ya tengo claro que el parecido es puramente superficial. A un milímetro de la piel todos somos monstruosamente idénticos en cualquier caso.
- Sólo porque tenemos poca experiencia en el campo de conocernos por debajo de la piel…
- ¡Vaya! – intersecó – parece que sí hay algo de espíritu en usted. Lógico, por otro lado, si va por ahí con mi cara.
- Habla usted como si tuviera esta conversación ya pensada… y para ser tan directo ha hecho un gran esfuerzo para que no le alcance… - dije poniendo las cartas sobre la mesa, porque, ¿qué era esta broma de fingir que no había salido escopetado en el momento en el que nuestras miradas se cruzaron y mis ojos sin duda traicionaron mis pensamientos?
- Me va a tener que perdonar, pero no sé de qué me está hablando, llevo aquí de pie toda la mañana. Son las 12:26 ahora mismo, o sea que llevo aquí tres horas y veintiséis minutos concretamente…
- Puedo aceptar que sea yo el que es idéntico a usted, pero no que ha salido corriendo en cuanto le he mirado.
- ¿Por eso está usted tan sofocado? ¿Ha estado corriendo?
- ¿Qué…? Claro… detrás de usted…
- Le acabo de decir que llevo toda la mañana aquí de pie, y le digo la verdad, aunque a veces miento, claro. ¿No iría usted detrás de aquel tipo? – me dijo, señalando por encima de mi hombro.
- ¿Qué tipo? – dije mirando hacia donde apuntaba su dedo… para ver a un sujeto, de unos treinta años (mi edad), fondón (como yo), completamente fuera de forma (como yo) trepando por la pared de un edificio de apartamentos. Quedé callado, sin saber qué decir.
- Vamos a ver qué pasa, ya hay un montón de gente abajo haciendo corro para mirar y como no lleguemos pronto nos vamos a quedar sin sitio.
Como si estuviera borracho me dejé arrastrar por aquél individuo que era… al que era idéntico hacia el grupo de gente, sin perder la vista en el treintañero fondón que escalaba el edificio torpemente.
Pasó aún un rato hasta que el tipo llegó a la cima del edificio, se podían oír los típicos comentarios que se hacen en esta situación, creo yo que más por los que uno ha oído en las películas que porque esta situación tuviera algo de típico “se va a caer” “Parece un mono” “Si, al que le pesa el culo” “¿Qué querrá?” “¿Se va a tirar?” Y pensaba yo, “¿para qué va a darse la paliza de trepar sólo para tirarse luego?”
Cuando llegó al tope se quedó de pie en el borde, mirando hacia el suelo, y empezó a hablarnos, pero era imposible oír nada de lo que decía. Miré a mí alrededor, buscando al hombre al que era idéntico, y empecé a sentir un terror de esos que agarrota brazos y piernas, que hiela la espina dorsal y emite pulsaciones en la base del cráneo: había hombres, mujeres, niños, ancianos allí, y todos, todos y cada uno de ellos eran idénticos a mí. O yo a ellos. “Esto tiene que ser un sueño”, pensé, y cuando la cabeza del treintañero fondón reventó contra el asfalto, todo, yo incluido, desapareció.
- Me parece que se equivoca, es usted el que es idéntico a mí.
- Dígalo como quiera – dije entre jadeos, tratando de recuperar el aliento que había perdido cinco minutos atrás mientras le perseguía – pero esto no puede ser coincidencia, hay que descubrir por qué somos idénticos.
- Qué democrático es usted, pero aún así creo que es usted el que se parece a mí – dijo él, sin jadear ni nada, como si no hubiera corrido como el diablo mientras le perseguía por la calle.
- Insisto, le ponemos el nombre que quiera, pero tenemos que saber qué está pasando aquí, ¿no le parece?
- Pues sí que es fácil convencerle de las cosas… ¿Es siempre así? Porque de ser así me parece a mí que al menos yo ya tengo claro que el parecido es puramente superficial. A un milímetro de la piel todos somos monstruosamente idénticos en cualquier caso.
- Sólo porque tenemos poca experiencia en el campo de conocernos por debajo de la piel…
- ¡Vaya! – intersecó – parece que sí hay algo de espíritu en usted. Lógico, por otro lado, si va por ahí con mi cara.
- Habla usted como si tuviera esta conversación ya pensada… y para ser tan directo ha hecho un gran esfuerzo para que no le alcance… - dije poniendo las cartas sobre la mesa, porque, ¿qué era esta broma de fingir que no había salido escopetado en el momento en el que nuestras miradas se cruzaron y mis ojos sin duda traicionaron mis pensamientos?
- Me va a tener que perdonar, pero no sé de qué me está hablando, llevo aquí de pie toda la mañana. Son las 12:26 ahora mismo, o sea que llevo aquí tres horas y veintiséis minutos concretamente…
- Puedo aceptar que sea yo el que es idéntico a usted, pero no que ha salido corriendo en cuanto le he mirado.
- ¿Por eso está usted tan sofocado? ¿Ha estado corriendo?
- ¿Qué…? Claro… detrás de usted…
- Le acabo de decir que llevo toda la mañana aquí de pie, y le digo la verdad, aunque a veces miento, claro. ¿No iría usted detrás de aquel tipo? – me dijo, señalando por encima de mi hombro.
- ¿Qué tipo? – dije mirando hacia donde apuntaba su dedo… para ver a un sujeto, de unos treinta años (mi edad), fondón (como yo), completamente fuera de forma (como yo) trepando por la pared de un edificio de apartamentos. Quedé callado, sin saber qué decir.
- Vamos a ver qué pasa, ya hay un montón de gente abajo haciendo corro para mirar y como no lleguemos pronto nos vamos a quedar sin sitio.
Como si estuviera borracho me dejé arrastrar por aquél individuo que era… al que era idéntico hacia el grupo de gente, sin perder la vista en el treintañero fondón que escalaba el edificio torpemente.
Pasó aún un rato hasta que el tipo llegó a la cima del edificio, se podían oír los típicos comentarios que se hacen en esta situación, creo yo que más por los que uno ha oído en las películas que porque esta situación tuviera algo de típico “se va a caer” “Parece un mono” “Si, al que le pesa el culo” “¿Qué querrá?” “¿Se va a tirar?” Y pensaba yo, “¿para qué va a darse la paliza de trepar sólo para tirarse luego?”
Cuando llegó al tope se quedó de pie en el borde, mirando hacia el suelo, y empezó a hablarnos, pero era imposible oír nada de lo que decía. Miré a mí alrededor, buscando al hombre al que era idéntico, y empecé a sentir un terror de esos que agarrota brazos y piernas, que hiela la espina dorsal y emite pulsaciones en la base del cráneo: había hombres, mujeres, niños, ancianos allí, y todos, todos y cada uno de ellos eran idénticos a mí. O yo a ellos. “Esto tiene que ser un sueño”, pensé, y cuando la cabeza del treintañero fondón reventó contra el asfalto, todo, yo incluido, desapareció.
Monday, July 25, 2011
Thursday, July 14, 2011
I am Theophrastus, and greater than those to whom you liken me; I am Theophrastus, and in addition I am monarcha medicorum and I can prove to you what you cannot prove...I need not don a coat of mail or a buckler against you, for you are not learned or experienced enough to refute even a word of mine...As for you, you can defend your kingdom with belly-crawling and flattery. How long do you think this will last?...Let me tell you this: every little hair on my neck knows more than you and all your scribes, and my shoe buckles are more learned than your Galen and Avicenna, and my beard has more experience than all your high colleges.
— Paracelsus
Wednesday, July 13, 2011
Tuesday, July 12, 2011
Tiendo hacia las lenguas secretas, dominado por sintagmas oscuros. Con un alfabeto impío encadeno la ficción del alma propia, la decapito con el filo de la prisca sapientia.
que ni me pertenece, ni conozco, ni tengo derecho a tocar.
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Prone to secret languages, mastered by dark sintagma. With an impious alphabet I chain the fiction of the own soul, I behead it with the prisca sapientia's edge.
that neither is my own, nor I know, nor I have the right to touch.
Sunday, June 26, 2011
Said the pigtailed girl
As the mother whored her husband’s ashes
For the comfort of this
Last pack of wolves.
He rides this blizzard
Along words spoken in vain
As
One
Might
Try
And
Defy
Reality
One has to admit too
That he’s been made to
Chase after the marrow
within this sick land’s bones
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He matado el sol,
Dijo la niña de las coletas,
mientras su madre prostituía las cenizas de su marido
a cambio de
la comodidad de esta
última jauría de lobos.
la comodidad de esta
última jauría de lobos.
Cabalga esta tormenta de nieve
A lo largo de palabras en vano
Así
Como
Uno
Puede
Tratar de
Desafiar
La realidad
Uno tiene también que admitir,
que ha sido obligado a
perseguir la médula
en los huesos de esta tierra enferma.
Wednesday, June 22, 2011
Saltar al vacío, con ganas, confiando en que la fuerza de la gravedad no funcione el 100% de las veces.
Abrazar la estupidez reducida a concepto añejo, a anécdota no memorable.
Caminar, apoyarse contra tuberías encalladas en la pared, como si esto no fuera nada,
como si bajo la calma no ardieran los océanos.
como si no estuviera tensando cada músculo
para no dejar escapar ni el más mínimo indicio de verdad.
hay
que admirar
la resistencia inefable
que presenta
la carne
a doblegarse
a doblegarse
ante la indiscutible
soledad.
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Jump into the void, willful, trusting that gravity doesn't work 100% of the time.
Embrace stupidity reduced to antique concept, a non-memorable anecdote
Walk, lean on pipes shipwrecked in walls, as if it were nothing,
as if underneath the calm oceans weren't burning,
as if I weren't tensing every muscle
in order to let no hint of truth seep out.
it must be admired,
the ineffable resistance
shown by
the flesh
to yield to
this undeniable
solitude.
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Jump into the void, willful, trusting that gravity doesn't work 100% of the time.
Embrace stupidity reduced to antique concept, a non-memorable anecdote
Walk, lean on pipes shipwrecked in walls, as if it were nothing,
as if underneath the calm oceans weren't burning,
as if I weren't tensing every muscle
in order to let no hint of truth seep out.
it must be admired,
the ineffable resistance
shown by
the flesh
to yield to
this undeniable
solitude.
Sunday, June 12, 2011
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